miércoles, 14 de mayo de 2014

Capitulo 8. Arbol de los problemas.

Estábamos en temporada baja y cada día entraba menos gente a este Bar, eso me preocupaba mucho. Hubo noches en las cuales no podía dormir. Las cuentas se vencían los gastos se incrementaban y el dinero que ingresaba cada vez era menor.  Hasta hubieron algunos roses entre nosotros, pero nada importante. Así que, tomamos una decisión, le Pedimos a Analía que fuera nuestra socia y además que por las noches los fines de semana tocara una serie de mini espectáculos en nuestro bar, para atraer la gente. Los resultados cada vez eran mejores, cada día que pasaba nos entraba mas y mas gente al local. Nuestros Ánimos comenzaron a ser mejores y empezamos a compartir nuevamente y con mas frecuencia que antes algunas salidas para seguir recorriendo la Provincia. Eso nos unió mas que antes, compartíamos alegrías y tristezas. Y ya no dejábamos que los problemas nos atosigaran. Y en unos de los viajes aprendimos una gran leccion… Y pusimos una Regla…
Los Árboles de los Problemas.


En uno de los viajes que hicimos juntos, en el camino vimos un Cosechador de uvas que se le había roto su bicicleta y caminaba junto al camino con la bicicleta al hombro. Nos detuvimos y le preguntamos:
Pedro- ¿disculpe, se encuentra bien? ¿Necesita ayuda?
Cosechador- ¡Hola! Buenas tardes. La verdad que si, necesito ayuda. Se me ha roto la bicicleta y a decir verdad no he tenido un buen día. Estaba yendo al pueblo si ustedes fueran tan amables me podrían acercar.
Pedro- ¡Por supuesto! ¡Nosotros vamos para allá! Suba.
Dejó la bicicleta en la parte de atrás de la camioneta y subió con nosotros. Allí nos contó varios de los problemas que había tenido en ese día.
Las cosas no le salieron muy bien, su tijera podadora se le había dañado dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y su bicicleta se le habia roto la cadena y no podia andar en ella y otros mas. Una vez que llegamos nos invitó a conocer a su familia.
Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando en las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación: Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dió un beso a su esposa. posteriormente, nos acompañó hasta la camioneta. Cuando pasamos cerca del árbol sentí curiosidad y le pregunté, acerca de lo que le había visto hacer un rato antes.
El me contestó: Ese es mi árbol de problemas. Sé que no puedo evitar tener problemas, pero no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez.
-Lo divertido es, dijo sonriendo, que cuando salgo en la mañana a recogerlos, ni remotamente hay tantos como recuerdo haber dejado la noche anterior…
Aparir de ese momento pusimos dos árboles de los problemas.  Uno en la entrada de nuestros respectivos hogares y otro en la puerta del local. Para colgar los problemas del trabajo en la puerta de nuestras casas y no meterlos adentro. Y el otro par no traer de nuestra casa los problemas al trabajo. El árbol que estaba en el trabajo tenia una particularidad, este estaba cerca de una de nuestras mesas y con lo cual podíamos desenganchar los problemas de la casa y ayudarnos a resolver en una mesa de café.


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